miércoles, 17 de noviembre de 2010

LA DANZA DE TIJERAS HERENCIA ANCESTRAL DE LA CULTURA PERUANA

La mítica danza peruana es uno de los nuevos Patrimonios Intangibles de la Humanidad por la UNESCO. La decisión de la Unesco de nombrar a la danza de tijeras como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad es sin duda un motivo de orgullo, pero a la vez una razón de compromiso de parte del Estado para con manifestaciones culturales como esta.
Danzate de Tijeras Plaza de Armas de Chacralla en pleno atipanakuy
SOBRE EL ORIGEN: Según algunos especialistas, la danza de tijeras tiene su antecedente en el movimiento indígena del siglo XVI denominado Taki Onkoy o “la rebelión de las huacas”, teniendo como líder al indio Juan Chocne. La creencia señala que las huacas tomaban posesión de los indígenas para hacerles cantar, bailar y tocar música como manifestación de la necesidad de rechazar la imposición de un Dios intelectual y restaurar las tradiciones prehispánicas. Pero una muestra de la simbiosis con el mundo occidental se manifiesta a través del arpa y el violín, lo que vemos hasta nuestros días y es parte de nuestra herencia colonial. Esta danza esta presente en las temporadas de cosecha, siembra y limpieza de la sequia.

Aquí fotos en la misma esquina de la plaza Chacralla 2009
LA COMPETENCIA DE DANZAS: Muchos hemos visto además los enfrentamientos entre dos danzantes o ‘danzaqs’ que buscan superarse el uno al otro en cuanto a los pasos que realizan. Esta competencia se denomina “atipanakuy” o “hapinakuy”. Cada uno de los danzaqs llevan dos láminas de acero independientes, que cogidas a manera de una tijera son manejadas al ritmo de la melodía interpretada por los músicos. Ellos están ataviados con una colorida y ornamental vestimenta que en total podría pesar 15 kilos, según señala “Es mi Perú”. Cabe resaltar además que los ágiles danzaqs reciben no solo una formación física, sino también espiritual.

EL TRABAJO PARA DAR A CONOCER ESTA EXPRESIÓN CULTURAL ANDINA LO INICIÓ EL ESCRITOR PERUANO JOSÉ MARÍA ARGUEDAS, quien hace referencias a esta danza en obras como Yawar Fiesta (1941), Los ríos profundos (1958), La agonía de Rasu-Ñiti» (1962) y en su novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971). Podríamos decir que sus esfuerzos dieron fruto. En la danza de las tijeras participan los varones acompañados por los acordes del arpa y el violín. El escritor José María Arguedas le adjudicó el nombre, debido a las láminas metálicas que llevan sus danzantes en la mano derecha y que no dejan de tocar mientras la interpretan.

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